Alubia verdina plantada y recolectada en por agricultores de la zona de manera tradicional. Se recogen cuando la planta aún está verde y deben secarse en un lugar oscuro y con mucha ventilación. Si se dejan demasiado tiempo en la tierra, el sol producirá que la planta pierda savia, la culpable del color verde. Y si se secan en un sitio con luz, la alubia se volverá blanca también. Por lo que requiere una especial atención. Formato de envío: Malla de aprox. 1 kg.
Alubia verdina plantada y recolectada en por agricultores de la zona de manera tradicional. Se recogen cuando la planta aún está verde y deben secarse en un lugar oscuro y con mucha ventilación. Si se dejan demasiado tiempo en la tierra, el sol producirá que la planta pierda savia, la culpable del color verde. Y si se secan en un sitio con luz, la alubia se volverá blanca también. Por lo que requiere una especial atención.
Cultivada en pueblecitos rurales y autóctonos de la zona de Rioja o alrededores donde agricultores locales han dedicado toda su vida al cultivo y cuidado de las legumbres autóctonas y de zonas colindantes.
La piel de las verdinas es muy fina, por lo que al cocinarse, la piel es prácticamente inapreciable. Para cocinarlas, al ser tan finas, no es necesario ponerlas a remojo pues ya son muy suaves de por sí, pero si se remojan unas horas no les viene nada mal y se acorta el tiempo de cocción necesario para que estén tiernas.
Una vez cocinadas, su textura es mantecosa y su sabor es delicado, exquisito y algo afrutado. Por ese motivo es habitual utilizarlas con recetas de pescado y marisco y no con el clásico compango de la fabada para evitar que la potencia de los chorizos y morcillas ahumadas tapen el sabor de esta legumbre.
Hay muchas recetas elaboradas con esta variedad de legumbre, prácticamente con cualquier tipo de pescado o marisco, por ejemplo verdinas con pulpo, con almejas, con langostinos, con bacalao y con todo tipo de pescados. También es frecuente utilizarlas en recetas con carne de caza, en recetas con ciervo o con jabalí. Finalmente, estofadas con verduras o con hongos, son una verdadera delicia.
Las alubias verdinas son ideales para este guiso porque tienen sabor suave que deja lucir el yodo de las almejas, textura mantequillosa y piel finísima que da un caldo sedoso sin pesadez; al ser pequeñas, absorben muy bien el jugo de almeja, el vino y el sofrito, liberan el almidón justo para ligar el fondo con brillo, se cuecen de forma uniforme sin romperse (facilitando cuadrar tiempos con el marisco) y, además, su afinidad tradicional “mar y tierra” en Asturias y su color verde claro hacen que el plato resulte elegante, sabroso y visualmente apetecible.
Elaboración
Si el caldo está muy potente, mezcla mitad caldo y mitad agua para no tapar el sabor fino de la verdina.
Para ligar más, chafa 1 cda de verdinas y devuélvelas al guiso o añade una pizca de maicena disuelta en agua fría.
No hiervas fuerte una vez añadas las almejas: se endurecen.
Congela solo las verdinas con su caldo; añade almejas frescas al recalentar.
¡Listo!

Ref: 30000360